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En el contexto de la medicina cardiovascular, es esencial comprender las diferencias entre sexo y género, dos conceptos fundamentales cuya definición según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la siguiente: El sexo se refiere a las características biológicas y fisiológicas de las personas, como los cromosomas, las hormonas y los órganos reproductivos. Por otro lado, el género se refiere a las características socialmente construidas que se asocian con ser mujer u hombre, incluyendo normas, comportamientos y roles, así como las relaciones entre ellos.


Tener en cuenta esta diferencia es importante para entender que, tradicionalmente, las investigaciones en medicina cardiovascular se han basado en muestras predominantemente masculinas, que explican por qué la fisiología específica del sexo podría conducir a un desarrollo, inicio, curso de los síntomas y resultados diferenciales y cómo se puede modificar el riesgo. Pero, por otra parte, se suele tener menos en cuenta al género en la prevención de enfermedades cardiovasculares (ECV), posiblemente por la tendencia a considerar indistintamente sexo y género, como si fueran constantes o fijos. Esta distinción es crucial porque el género es un constructo social que interactúa con otros determinantes sociales, económicos y demográficos que pueden moldear la salud cardiovascular desde edades tempranas.


A pesar de que las tasas de riesgo cardiovascular (RCV) son similares entre sexos, las ECV son la principal causa de mortalidad en el sexo femenino en los paises desarrollados y se ha observado un mayor número de eventos cardiovasculares en mujeres en términos absolutos, que tienden a ocurrir más tarde que en hombres. Existen factores de riesgo específicos del sexo femenino, como el síndrome de ovario poliquístico, la menarquia temprana, historial de histerectomía o diabetes gestacional, entre otros. Sin embargo, no se puede subestimar el impacto del género en la salud cardiovascular, que explicaría los datos anteriores.


Existe una menor conciencia y conocimiento del RCV en mujeres, ya que siempre se ha considerado que este tipo de enfermedades matan más a hombres y este tópico ha comportado que las mujeres vigilen menos su salud cardiovascular. Factores como el estrés laboral, doméstico y financiero afectan de manera desproporcionada a las mujeres y comprometen su salud cardiovascular. Es importante reconocer que la relación entre género y salud es compleja y puede variar según países y culturas. Los factores ligados al género que se han comentado son aún más agravantes en mujeres no caucásicas, de minorías religiosas o de orientación no heterosexual. La sociabilidad también influye, ya que se suele socializar a niñas para que sean emocionalmente responsables y cuidadoras de su entorno familiar con la consiguiente sobrecarga de estrés que esto supone.


A modo de ejemplo, se ha observado que las mujeres tienden a presentar síntomas atípicos durante un síndrome coronario agudo como es el infarto de miocardio (IAM), lo que puede llevar a un infradiagnóstico e infratratamiento. Estos síntomas atípicos pueden incluir mareos, dolor en la mandíbula, la espalda o el cuello, molestias digestivas como diarrea e incluso falta de aire. Además, los IAM en mujeres suelen ocurrir en reposo, en contraste con los hombres, donde a menudo ocurren después de un esfuerzo físico. Las mujeres reciben un manejo clínico más conservador y a menudo no se les brinda la atención necesaria para estos síntomas, lo que deja ver el sesgo de género existente por parte de los profesionales sanitarios. Estos síntomas se suelen atribuir a afectaciones emocionales o a picos de ansiedad, por las palpitaciones o el dolor difuso que presentan. Además, las mujeres a menudo tardan más en buscar atención sanitaria, ya que tienden a aguantar el dolor, minimizar los síntomas y esperar a que desaparezcan. Por tanto, estas diferencias no se atribuyen únicamente a causas biológicas o fisiológicas del sexo, sino también a factores psicosociales relacionados con el hecho de ser mujeres.


Para abordar estas disparidades, se debe integrar la perspectiva de género en el Sistema Sanitario como un eje específico. Esto incluye la promoción de estudios epidemiológicos sobre diferencias de prevalencia de ECV según el género, la promoción del autocuidado en salud cardiovascular en mujeres y la formación de profesionales de la salud sobre aspectos específicos de las ECV en mujeres y las desigualdades de género.


En resumen, la incorporación del análisis de sexo-género en la medicina cardiovascular es fundamental para comprender mejor las diferencias entre hombres y mujeres, promover una atención más equitativa y mejorar los resultados de salud para todos.






Ref bibliográficas:

https://papps.es/efecto-del-genero-en-la-enfermedad-cardiovascular/

https://doi.org/10.1161/CIRCULATIONAHA.117.028595

DOI 10.1016/j.aprim.2022.102444

https://prevencion.mc-mutual.com/actualidad-detalle/-/asset_publisher/ksRMfI4DgwKI/content/salud-cardiovascular-la-perspectiva-de-genero-si-que-importa

Vogel B, Acevedo M, Appelman Y, Bairey Merz CN, Chieffo A, Figtree GA, Guerrero M, Kunadian V, Lam CSP, Maas AHEM, Mihailidou AS, Olszanecka A, Poole JE, Saldarriaga C, Saw J, Zühlke L, Mehran R. The Lancet women and cardiovascular disease Commission: reducing the global burden by 2030. Lancet. 2021 Jun 19;397(10292):2385-2438. doi: 10.1016/S0140-6736(21)00684-X. Epub 2021 May 16. PMID: 34010613.

https://www.socalemfyc.org/retos-salud-cardiovascular-mujeres/

 

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